El clima más cálido y soleado es motivo de esperanza contra el COVID-19

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El final del invierno es tradicionalmente un momento de celebración. No ha sido así en 2020, ya que la llegada de la primavera al hemisferio norte se ha visto ensombrecida por los estrictos cierres que se han establecido para frenar la propagación del coronavirus.

Sin embargo, en la batalla contra la pandemia, algunos científicos creen que la llegada del clima más cálido y soleado es motivo de esperanza. Si el COVID-19 se ajusta al patrón estacional de otras infecciones respiratorias, los próximos meses ayudarán a suprimir el virus, al menos temporalmente.

Algunos estudios han sugerido que el nuevo coronavirus seguirá la marcada estacionalidad mostrada por sus primos genéticos que han estado circulando entre los humanos durante muchos años. Esta investigación también sugiere que el Covid-19 tendrá más dificultades para establecerse en los trópicos que en las regiones templadas del mundo.

“Según lo que hemos documentado hasta ahora, el virus tiene más dificultades para propagarse entre las personas en climas más cálidos”, dijo Mohammad Sajadi, profesor asociado en el Instituto de Virología de la Universidad de Maryland que ha estado estudiando el brote, que ha infectado a aproximadamente 400,000 personas en todo el mundo.

Los científicos de las universidades de Beihang y Tsinghua en China, que han examinado cómo se ha transmitido el coronavirus en 100 ciudades chinas, concluyeron que “las altas temperaturas y la humedad relativa elevada reducen significativamente la transmisión de COVID-19”.

La investigación del profesor Sajadi sugiere que el virus se transmite de manera más efectiva entre los humanos cuando la humedad es baja y la temperatura está entre 5°C y 11°C (41°F y 52°F).

Actualmente, las temperaturas en las áreas más afectadas por el Covid-19 se encuentran entre menos 1°C y 10°C (30°F y 50°F); estas áreas están al norte del ecuador, lo cual incluye la mayor parte de China y EU, y la parte sur de Europa.

Pero el equipo de Maryland predice que el ‘cinturón’ de transmisión más intensa del virus se moverá al norte hacia las regiones del norte de Europa y Canadá en las próximas semanas, antes de desacelerarse en todo el hemisferio norte en el verano, mientras se intensifica en las regiones templadas al sur de la línea ecuatorial. Los investigadores chinos también han pronosticado una caída en la transmisión con la llegada del verano.

Sin embargo, un estudio en la Universidad de Basilea en Suiza y el Instituto Karolinska en Suecia, que incluyó la introducción de datos estacionales de otros brotes de coronavirus en los modelos de la pandemia actual, tenía una nota de precaución.

“Con el inicio de la primavera y el verano podríamos tener la impresión de que el virus ha sido contenido con éxito, sólo para ver un nuevo aumento de infecciones en el invierno de 2020-21”, concluyó.

Eso seguiría una curva epidémica similar a la llamada pandemia de gripe española de 1918-19, cuando hubo tres oleadas distintas de infección separadas por períodos de menos casos que duraron varias semanas. Según algunos cálculos, un tercio de la población mundial se infectó durante la pandemia y murieron al menos 50 millones de personas en todo el mundo.

Las razones por las cuales los virus respiratorios siguen un patrón de estacionalidad aún no se entienden bien, pero los científicos señalan varios factores que pueden contribuir. Uno es que, aunque los virus se multiplican dentro de las personas a la temperatura corporal normal de aproximadamente 37°C, sobreviven y se transmiten mejor fuera del cuerpo humano a una temperatura y nivel de humedad mucho más bajos.

Un segundo factor es que las personas en regiones templadas pasan más tiempo juntas en interiores durante los períodos de clima más frío. El tercero es que el sistema inmunológico humano es menos efectivo en el invierno, en parte porque hay menos luz solar para promover la producción de vitamina D.

Sin embargo, hay voces científicas disidentes, como Marc Lipsitch, un profesor de epidemiología de la Universidad de Harvard que cree que algunos colegas están exagerando la probable estacionalidad de COVID-19. “Podemos esperar disminuciones modestas en el contagio del virus en climas más cálidos y húmedos”, dijo, pero “no es razonable esperar que estas disminuciones por sí solas desaceleren la transmisión lo suficiente como para hacer mella”.

La razón es que el Covid-19 es nuevo para el mundo y, por lo tanto, se ha comportado de forma diferente a los virus que han existido por más tiempo. “Los virus viejos operan con un margen más delgado. La mayoría de los individuos son inmunes y los virus tienen que conformarse con transmitirse entre los pocos que no lo son”, explicó. “En términos simples, los virus que han existido durante mucho tiempo pueden propagarse a través de la población sólo cuando las condiciones son más favorables, en este caso en el invierno”.

Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia, quien sí cree en la sensibilidad de COVID-19 a las altas temperaturas y a la humedad, dijo que era una buena noticia para los países donde los sistemas de salud eran menos capaces de hacer frente a una epidemia grave, como muchas naciones en África. También es una buena noticia para la población más joven en África y para los países con un estilo de vida donde las personas pasan más tiempo al aire libre.

“Creo que África no sufrirá tanto por la pandemia como Europa y América del Norte”, dijo el profesor Hunter.

 

Fuente: El Financiero






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