Es importante el concepto de residentes, porque una de las características más curiosas de Freedom Ship es que no solo será un barco de pasajeros. 40.000 personas vivirán en el barco de forma permanente. En el interior del crucero tendrán todo lo necesario para vivir (trabajo, tiendas, ocio, hospitales, escuelas), e irán viajando por todo el mundo mientras hacen su vida cotidiana. Las zonas de residentes serán inaccesibles para los turistas.

 

El concepto que se ve en la imagen de apertura de la noticia es uno de los más nuevos, pero Freedom Cruiseline ha diseñado otros más modernos, como esta versión, más estilizada y moderna:

Freedom Ship

En su parte superior estará el aeropuerto, que podrá recibir aviones convencionales de todas las aerolíneas, así como helicópteros y jets particulares. Habrá cientos de tiendas, distribuidas “como si fuera la calle comercial de una gran ciudad como Nueva York”, con distritos que se diferenciarán en los estilos de arquitectura.

 

Contará también con hoteles de lujo, un casino, restaurantes, museos, acuarios, supermercados, bancos, escuelas primarias y bachilleratos, biblioteca, centros de ocio como cine y teatro, un hospital con tecnología de vanguardia (donde se esperan invertir 350 millones de euros) e instalaciones para practicar deportes, como fútbol, tenis, baloncesto, hockey y natación. Una ciudad flotante del tamaño de Cádiz.

 

Dentro del barco, los pasajeros se desplazarán en metro. Para bajar a tierra dispondrán de ferrys propios capaces de transportar 350 personas cada 20 minutos.

 

Según afirma Freedom Cruiseline, el proyecto es viable, con una inversión de 10.000 millones de dólares. Pero las dificultades son enormes. Primero, en matería de logística y seguridad. ¿Cómo se garantiza la seguridad de 100.000 personas que flotan en el mar? Además el crucero más grande de la historia no podría atracar en ningún puerto, porque ninguno está preparado para albergarlo.